Decimosexto paseo
Paisajes sonoros
“Para mí pasear no solo es sano y bello, sino también conveniente y útil.”
ROBERT WALSER, ‘El paseo’
🌳 Lanzarse al camino
A este lado del sendero todo repiquetea, todo resuena. Es el viento que ulula ansioso y el crujido de las hojas secas en la orilla del río. También el piar de los pájaros que nos sobrevuelan, el aleteo de algunos insectos polinizadores —de flor en flor— y dos gotas de rocío que resbalan por la superficie de los pétalos de la jara pringosa. Alboroto. Cantos y reclamos. La naturaleza retumba en sintonía perfecta.
Paseo de nuevo, contenta, por un campo llano y extenso, en total sincronía con todo lo que se me revela a pie. Mi caminata involucra a todos los sentidos al mismo tiempo pero yo agudizo el oído. La práctica del deambular —de aquí para allá— tiene implicaciones y complicidades acústicas. Y pienso, ¿cómo nos relacionamos sonoramente con el mundo mientras caminamos por él?
Sí, existe una clara conexión entre el garbeo, la escucha y la captación de sonidos (en ocaciones, con diferentes dispositivos de registro) que ha seducido a decenas de estudiosos, científicos, artistas, y ha conducido a toda una serie de prácticas interdisciplinares. Estos especialistas buscan reactivar nuestro sentido del oído. Abrir nuestros oídos al entorno. Al mundo. Estoy bastante de acuerdo con ellos.
Voy a dedicar unas líneas a hablar de la escucha consciente y del registro de atmósferas sonoras mientras el paseo sucede. A los paseos sonoros y a los paisajes sonoros. Voy a darle preferencia a ese runrún.
Douglas Kahn, académico estadounidense y artista sonoro, afirma categórico en su libro ‘Ruido, agua, carne. Una historia del sonido en el arte’ que la modernidad se ha leído y observado detenidamente pero, rara vez se ha escuchado. Y, puede que sí hayamos ignorado parte de la dimensión sonora de nuestro mundo, y hayamos desdeñado su contexto acústico para entenderlo, interpretarlo y mejorarlo. Aunque algunas personas brillantes están en ello. Verás.
La artista y ecóloga del sonido, la canadiense Hildegard Westerkamp, camina los bosques primigenios del Valle de Carmanah, en la Isla de Vancouver. Esta antigua selva tropical contiene algunos de los abetos de Sitka más altos del mundo y cedros con más de mil años de antigüedad. Westerkamp escucha el mundo como si fuera una composición. Una sinfonía perfecta. Muy atenta, rastrea sonoramente todo lo que acontece mientras se desplaza a pie, tratando de percibir esa reverberación ancestral y tratando de registrar esa resonancia milenaria. Y crea bellas piezas sonoras que captan la profunda serenidad del paraje. La quietud y la paz que tiene lugar en la vereda. Pretende dotarnos de un rico legado con análisis e impresiones acústicas que nos lleve a desear la preservación de los entornos naturales. Y a preservarlos. Lleva en ello ya varias décadas.
“Ahora, salgamos de nuestras burbujas, alcémonos de detrás de nuestras pantallas, muros, altavoces y auriculares, y abramos nuestros oídos directamente al entorno. Vámonos de paseo sonoro.”
HILDEGARD WESTERKAMP, ‘Soundwalking’
Es en 1974 cuando publica un ensayo fundamental, piedra angular de las prácticas deambulatorias sonoras: ‘Paseo Sonoro’ (Soundwalking). Un texto utilísimo que define este concepto que es, ante todo, una práctica.
“Un paseo sonoro es cualquier excursión cuyo propósito principal es escuchar el entorno. Es exponer nuestros oídos a cada sonido a nuestro alrededor, al margen de dónde estemos. Podemos estar en casa, podemos estar caminando por una calle céntrica, o a través de un parque, o por la playa; podemos estar sentados en el despacho del médico, o en el lobby de un hotel, o en un banco; podemos estar de compras en un supermercado, o en un centro comercial, o en una tienda china; podemos estar de pie en el aeropuerto, en la estación del tren, en una parada de autobús. Vayamos donde vayamos, le daremos prioridad a nuestros oídos.”
HILDEGARD WESTERKAMP, ‘Soundwalking’
Pero para Westerkamp esta caminata acústica no es tan solo una ventana al conocimiento, a las emociones y una práctica artística sino también una suerte de activismo. Ecológico. Ella defiende que la escucha atenta y reflexiva a lo largo del sendero o en las calles de las ciudades es una forma muy efectiva de concienciarnos de nuestra participación y responsabilidad en los entornos sonoros que habitamos. Una práctica que estimula nuestra conciencia auditiva ambiental y que puede inspirar el cambio social.
“Los estudios de paisajes sonoros son una actividad ecológica. Nos estamos preocupando por el entorno sonoro. Y por esto lo hacemos. Queremos realizar cambios en el entorno sonoro, queremos entender qué es un entorno acústico balanceado. Queremos entender cómo se pueden mejorar las cosas y cómo reducir el increíble nivel sonoro que hay en nuestras ciudades. Es una actividad ecológica. Queremos tomarnos el tiempo para aprender acerca del entorno sonoro a través de escuchar y de grabar, también.”
HILDEGARD WESTERKAMP
Me quedo con esto: de la experiencia perceptiva de escuchar puede ocurrir el cambio.
Y más. El músico, científico y naturalista Bernie Krause registra y graba también paisajes sonoros, en su caso, de espacios no urbanos. Solo en contextos de naturaleza. Es el autor de un libro muy interesante: ‘La gran orquesta animal. A la busca de los orígenes de la música en los espacios salvajes del planeta’. Krause cuenta que a consecuencia de la extracción de los recursos naturales, de la deforestación y la transformación del territorio, más de la mitad de su amplísimo archivo sonoro que ha registrado desde 1968 procede de hábitats que, en la actualidad, están en completo silencio, o en los que ya no es posible oír las biofonías —los sonidos producidos por los seres vivos en su medio— en su forma original. Estamos perdiendo ahora más que nunca el sonido vital, la banda sonora original de nuestro planeta.
Y, ¿cómo podemos crear y generalizar esta forma de conciencia acústica y actuar ante el evidente cambio climático? Se puede sensibilizar a través del paseo y del registro sonoro mientras el paseo sucede, sí. Y también desde/con la música. Sobre esto tiene mucho que decir Sound Earth Legacy. La primera organización no gubernamental sin ánimo de lucro, con base en Barcelona, fundada por la directora de cine documental, Andrea Lamount, que tiene una única y colosal misión: grabar y preservar, ahora mismo, el legado sonoro del planeta que posiblemente algún día, a causa de la acción del hombre en los entornos naturales, desaparecerá. Asegurar y conservar los sonidos de la tierra y su biodiversidad como parte de nuestro patrimonio (sensorial) intangible. La asociación catalana pregraba de la naturaleza estas sonoridades, y después las divulgada y difunde en la forma de piezas musicales de artistas de renombre internacional que incorporan estos sonidos del planeta. Los fondos recaudados gracias a estas piezas musicales se destinan a la ejecución de proyectos para encarar la emergencia climática. Como por ejemplo, a financiar Black Coral Symphony, un proyecto científico hispano-francés, una expedición ecoacústica que registra el paisaje sonoro de los bosques de coral negro de Lanzarote para evaluar su diversidad acústica, su actividad animal, el estado de salud de este hábitat, y visibilizar su importancia para el medioambiente.
Sí, los registros acústicos a lo largo de las veredas, las grabaciones sonoras mientras sucede el paseo son cápsulas de afinidad y de respeto hacia la naturaleza, que nos ponen en contacto con todo lo que nos rodea y ayudan, sin duda, al compromiso y la protección medioambiental. Y, además, aportan información científica única para el estudio y el análisis ambiental de los ecosistemas. La investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, Anna Traveset, junto a Jaume Reus, productor musical y ambientólogo, son las mentes preclaras tras ‘Zumbidos’ (Brunziments): la primera guía sonora dedicada a los insectos polinizadores —en concreto, a los polinizadores de Baleares— elaborada por un equipo interdisciplinar de artistas sonoros y científicos. Un decálogo sonoro fascinante. Por medio de grabaciones de campo y gracias a un detallado estudio sonoro, se han podido identificar las diferentes especies de la zona. Incluso, se han descubierto nuevos especímenes que a simple vista no se podían distinguir ni diferenciar. Tan solo tras la experiencia acústica, sonoramente.
Pero algunos paseos acústicos, a la vera del camino, son tan solo por amor al arte. Y también me interesan. La consagrada artista canadiense Janet Cardiff nos recuerda con su obra que andar por el mundo no es un periplo silencioso, sino una aventura plagada de sonido. De texturas, ecos y susurros. Cardiff se inicia en la práctica de la estética de la escucha con sus famosas narraciones sonoras, sus Audio Walks (Paseos auditivos), en los que graba el sonido ambiente mientras su voz en off contrapuntea y ahonda en el relato. De esta forma, guía y sumerge al visitante/participante en una ficción onírica artística a lo largo de los senderos. Sus ensoñaciones sensoriales profundizan en el relato y engrandecen la belleza también acústica, que siempre, siempre, sucede en el camino.
Y yo paseo atenta, ultra perceptiva, cazando sonidos que conozco y sonidos que desconozco. Desbrozando la maraña acústica que me sobreviene y que da forma al entorno que me rodea. Y pienso. Todo suena y todo significa.
🌳 Un buen paseo
Te propongo esta vez un agradable paseo urbano por el distrito número veintiuno de la ciudad de Madrid: un recorrido amable por algunos de los hitos del distrito de Barajas. El último en conformarse (en 1988), el más joven y con menos población de la ciudad (49.000 habitantes), pero con un enorme interés y legado histórico.
Este ruta a pie tiene también algunas de mis cosas favoritas: una plaza mayor con solera, unos soportales al abrigo del viento, una ermita solitaria, vestigios recién descubiertos, un castillo que fue un viejo fortín, un capricho y cierta calma y tranquilidad.
Barajas es uno de los antiguos pueblos, de las villas históricas próximas a Madrid —como Chamartín, Vallecas y los Carabancheles— que a mediados del pasado siglo XX se integran en el término municipal de la capital, con mayor o menor fortuna para sus vecinas. Es en 1949 cuando el nacimiento del eminente aeropuerto vincula definitivamente la suerte del municipio barajeño al de Madrid. Así mismo consta en el acta del Ayuntamiento del 13 de Abril de 1948: «la circunstancia de haberse elegido la zona que ocupa este término como lugar de emplazamiento de un aeropuerto de gran importancia para las comunicaciones internacionales y transnacionales sitúa a la administración comunal de aquél en el caso de tener que proveerle de algunos servicios urbanos de tales proporciones que sólo una corporación como la de Madrid podía atender». Y la anexión sucede. Primero como barrio (del distrito de Chamartín, después del de Hortaleza) hasta su constitución en distrito propio. Hoy conformado, a su vez, por cinco barrios propios: Alameda de Osuna, Aeropuerto, Casco Histórico de Barajas, Timón y Corralejos.
Te llevo de paseo fácil por el noreste de la ciudad. Te va a gustar, verás.
✨Sugiero comenzar esta pequeña ruta justo desde la plaza mayor, en el Casco Histórico del distrito, el corazón de la antigua villa. Donde la vida de barrio sucede. Con más de cuatro siglos de existencia, este espacio encarna el patrón de las plazas públicas renacentistas españolas. Un bella plazuela porticada, con sus columnas de piedra —muchas de ellas originales— y preciosos dinteles de madera, donde las vecinas se dejan ver y pasan sus horas de asueto. La gran torre de cinco cuerpos de la parroquia de San Pedro Apóstol, hito referencial del antiguo municipio, sirve de guía y enmarca la senda. Imposible perderse.
✨Es el momento, tras un garbeo por las callejuelas aledañas a la plaza, de continuar el camino y salir al encuentro de la Ermita de la Soledad de Barajas. Justo hasta allí acudía el pueblo en romería siglos atrás. La ermita es un ejemplo de arquitectura barroca rural, y forma parte de esa tupida red de pequeñas capillas que jalonan todavía algunos senderos castellanos. Espacios de refugio de caminantes, lugares para la oración y puntos de devoción popular. Restaurada y reabierta en 2003, en la actualidad, por decisiones urbanísticas más que cuestionables, ha pasado a quedar aislada en mitad de una rotonda. Sí, una ermita coronando una rotonda y a la que únicamente se puede acceder por un paso de peatones.
✨Ahora vamos a cambiar de barrio a pie, sí. El Castillo de la Alameda (también conocido por el nombre de Castillo de Barajas o Castillo de los Zapatas), es uno de los pocos ejemplos de arquitectura militar del siglo XV, y está justo aquí, emplazado en un pequeño cerro en plena Alameda de Osuna, en el casco urbano de la capital. Bastante fascinante esto: un castillo medieval en Madrid. Sus orígenes se relacionan con el linaje de los Zapata, una de las antiguas familias fundadoras del Madrid bajomedieval, cuyo señorío se extendía por las villas de Barajas y La Alameda.
El alcázar de la Alameda es, a lo largo de los siglos, fortaleza, quinta de recreo, finca agraria, fortín y nido de ametralladoras durante la Guerra Civil. Me detengo un momento en este último punto de la historia. A escasos metros de nuestra fortaleza, en el cercano Parque de El Capricho, se sitúa desde el inicio de la guerra el Cuartel General del ejército republicano del Centro. Al mando, el general republicano José Miaja, máximo responsable de la defensa de Madrid. En el Capricho se construye además un refugio subterráneo, un búnker, que aún se conserva. Por proximidad, el Castillo de Barajas se emplea como improvisado fortín. Hoy quedan todavía huellas claras de la contienda: una casamata (supe de esta palabra hace escasas semanas, de terminología militar sé muy poco) o nido de ametralladoras muy bien conservada y visitable. Semienterrada para ofrecer menos superficie a los impactos de los obuses. Orientada hacia el este, en una posición dominante sobre la ladera del arroyo de Rejas, afluente del río Jarama, por donde podría llegar un ataque enemigo.
Verás que en la actualidad, tras un importante trabajo de restauración, el entorno del Castillo, un parque público muy, muy agradable, es uno de los museos al aire libre más interesantes de la ciudad. Gratuito, accesible y bastante impresionante.
✨Y más. Entre los siglos XVI y XVIII, se proyectan en toda este área de la Alameda varias villas de veraneo y descanso para la aristocracia madrileña desocupada. Entre ellas, el Palacete de los Duques de Osuna con su parque de El Capricho, del que te hablaba hace un momento. La visita a este emplazamiento, créeme, merece por sí sola cualquier caminata. La residencia concebida por la duquesa María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel, tras varios años de restauración arquitectónica, afronta ahora el desarrollo de un ambicioso proyecto museográfico. Un museo que refleje la historia del palacio, del Madrid de su época y de un personaje como el de la duquesa, mecenas de Goya y figura destacada de la corte de Carlos III. Leo noticas recientes que informan de que el espacio cultural podría estar terminado justo el próximo año. Estaría bastante bien. Pero el primoroso jardín monumental, con sus templetes, fuentes, ermitas, sí permanece abierto (fines de semana y festivos). Construido entre 1787 y 1839 para los Duques de Osuna, se trata de un auténtico vergel frecuentado por personalidades ilustres de la época y en el que trabajaron paisajistas, jardineros y escenógrafos de renombre. Una maravilla.
Y esta posible ruta por el distrito de Barajas culmina aquí, sí, en el bello jardín. Date un largo y tranquilo paseo, en nada llegas.
🌳 Un descubrimiento
Créeme, fue toda una sorpresa. Nunca pensé que este paseo sosegado y plácido por Alameda de Osuna culminara con el avistamiento de ruinas de un poblado prehistórico, concretamente, de un poblado calcolítico (del Periodo Calcolítico o Edad de Cobre). Es decir, de la primera mitad del segundo milenio antes de nuestra era. Este descubrimiento tiene la forma de vestigios de un poblado de cabañas de planta circular rodeado por un foso, que les servía de protección.
Y es que tras las excavaciones en el castillo durante su restauración, han visto la luz unos curiosos huecos tallados en el suelo: antiguas despensas de los moradores del poblado prehistórico, donde conservaban los alimentos a temperatura estable y a salvo de posibles depredadores. Estos recovecos contienen abundante información arqueológica sobre la dieta alimenticia de estos pobladores primigenios y sobre los utensilios empleados. En la zona del foso, otro hallazgo de gran valor: un enterramiento engalanado con tres vasos campaniformes, decorados con curiosas incrustaciones de cal. Los arqueólogos defienden que la tumba pertenece, sin duda, a uno de los señores de aquella comunidad de cobre.
El poblado calcolítico se abandonó hacia 1500 a.C. Pero el lugar volvió a ser ocupado durante la Edad de Bronce y la Edad de Hierro. Quizás su excelente posición geográfica —en la ladera norte del arroyo de Rejas, protegido del viento y orientado hacia el sol—, o las fuentes de agua accesibles y las tierras fértiles, hacían de este emplazamiento una zona muy apreciada por los diferentes asentamientos humanos.
Maravilla.
🌳 Arte natural
Termino casi ya. Una última cosa en la ciudad.
Fascinada por el océano Pacífico durante un viaje a Valparaíso en 1939, Maruja Mallo realiza entre 1941 y 1944 sus ‘Naturalezas vivas’. La artista define esta serie como una “plastificación de la flora y la fauna conjugadas”. Las dieciséis obras que forman esta propuesta, son, para mí, de las más bellas de su producción. Caracolas, algas, anémonas o estrellas de mar se entrelazan en equilibrios casi imposibles que demuestran una geometría, una armonía subyacente. Una simbiosis entre agua, vegetación y paisaje, una síntesis universal de todos los seres que pueblan el mundo.
En 1948 Mallo expone en la ciudad de Nueva York, en la Carroll Carstairs Gallery, y entre otros cuadros, presenta nueve de sus Naturalezas Vivas con enorme éxito. Las vende todas.
Ahora, puedes acercarte y dejarte asombrar por algunas de estas Naturalezas en el Museo Reina Sofía. Y descubrir (o disfrutar) a Maruja y su apabullante obra y legado en la exposición ‘Máscaras y compás’.
Y nada, terminé ya. Felices e improductivos paseos.
🌳 Andar por andar
Lo intuía pero ahora lo sé: un libro solo tiene sentido si existen algunas lectoras que lo hacen suyo y si permite el inicio de cierta conversación. También lo intuía pero ahora lo sé: un libro es imposible que exista sin un halo de generosidad extrema, pero extrema, que lo refuerce, lo acompañe y lo proteja. Yo he tenido todas esas suertes.
Mi libro, ‘Andar por andar’, ha estado y está generosamente acompañado por un enorme y muñidito halo de generosidad brillante.
Queridas lectoras y lectores, chica muy, muy agradecida.
Yo, por mi parte, continuaré compartiendo por aquí, en este espacio a refugio, algunos paseos, algunos senderos, algunas de las cosas que me encuentro al pasear, y parte de la magia que siempre sucede en el camino. ✨
🎧 Esta cancioncita sonó muchas veces mientras escribía este decimosexto paseo.
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🇵🇸 Gaza sigue en ruinas. El 90% de la población ha sido desplazada, miles de personas viven entre los escombros, a la intemperie y sufren hambruna. El pueblo palestino necesita ayuda en este mismo momento. Puedes colaborar y donar aquí a la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo.
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[*Créditos
Todas las pinturas que acompañan estos textos embelleciéndolos son obras de Abraham Lacalle]
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